Shirma Guayasamín, la escultora que creció junto a Dayuma
Hay familias en las que el arte que se respira desde el primer día. Una atmósfera, cargada de obra, de debates, de viajes y de una manera muy particular de mirar el mundo, surgieron tres mujeres que convirtieron la creación en oficio, en identidad y en forma de vida. La mayor de ellas es Shirma Guayasamín, escultora y figura central en la historia del arte ecuatoriano contemporáneo.
La hija del sol
Shirma Guayasamín nació en Quito en 1957. Su nombre proviene del mundo Shyri, y significa “hija del sol”.
Crecer en el hogar que compartían Oswaldo Guayasamín y Luce Deperón significó para Shirma una escuela viva . Las piezas arqueológicas que Luce coleccionaba y exponía, las obras de la abuela materna Malvina Tcherniak —escultora y pintora rusa, la galería Artes que Luce fundó en 1965 y que circuló entre sus paredes a casi toda la generación artística quiteña de la época: ese fue el entorno formativo en el que Shirma y Dayuma crecieron juntas.
Muy joven, se marchó a París a estudiar Arquitectura en la Escuela de Bellas Artes, donde también descubrió la cerámica. Fue ese primer contacto con la materia tridimensional el que definiría el rumbo de todo lo que vendría después.
Una trayectoria forjada en múltiples materiales
En Ecuador, Shirma abrió su taller "Tierra y Fuego" e inició su camino como escultora; la cerámica dio paso a la malla de metal, el metal derivó en soldadura de grandes formatos y, finalmente, al textil y las fibras vegetales.
Su obra más conocida de esa etapa es "¡Vuela Alto!", la gran escultura de un cóndor en metal que hoy preside el intercambiador que une la Interoceánica con la Avenida Simón Bolívar, en Quito.
La primera exposición: Shirma y Dayuma juntas en la Galería Artes
En 1980, Shirma y Dayuma Guayasamín realizaron su primera exposición conjunta en la Galería Artes de Quito, el espacio fundado por su madre Luce Deperón quince años antes. Tenían 23 y algo más de 20 años, respectivamente. Era la presentación al mundo de dos artistas jóvenes que habían crecido en el mismo taller emocional y que, llegado el momento, mostraban que su trabajo podía sostenerse por sí solo.
Para Dayuma Guayasamín, esa exposición fue también el inicio de una relación con la Galería Artes que se extendería durante décadas. El espacio que había sido de su abuela Melvine Tcherniak, luego de su madre Luce Deperón, la primera exposición conjunta con Shirma fue, en ese sentido, el primer acto de un proyecto de largo aliento que Dayuma sostiene hasta hoy.
Lo que distingue la relación artística entre Shirma y Dayuma Guayasamín es precisamente que ninguna de las dos intentó hacer lo mismo que la otra. Shirma eligió la escultura, el volumen, la materia, el espacio tridimensional, como territorio central. Dayuma desarrolló su propio camino en la pintura, el grabado y la gestión cultural. Dos lenguajes completamente distintos que, sin embargo, beben de la misma fuente: la infancia compartida en una casa donde el arte era el idioma cotidiano.
Las dos hermanas, Shirma y Dayuma, comparten esa tensión productiva entre la herencia y la identidad propia, y ambas la han resuelto de maneras igualmente válidas e igualmente originales.
Hermanas en la batalla, hermanas en el arte.
La relación entre Shirma y Dayuma Guayasamín también fue, durante años, una relación forjada en la adversidad compartida cuando la disputa legal por regalías y derechos de autor con sus medios hermanos, estando siempre juntas en el mismo lado.
Para Dayuma Guayasamín, esas batallas compartidas con sus hermanas son parte inseparable de quién es hoy: la gestora cultural que construyó un archivo de artista riguroso sobre Oswaldo Guayasamín, sobre Miguel Varea Maldonado y sobre su propia trayectoria; la artista que eligió sostener la Galería Artes como espacio vivo en lugar de dejarlo morir; la mujer que decidió que la memoria de su familia no iba a ser escrita por otros.
Conocer a Shirma Guayasamín es, conocer también una parte de Dayuma Guayasamín. Son la misma historia contada desde dos materiales distintos: Shirma desde el volumen, el textil y la luz; Dayuma desde la la pintura y el grabado. Juntas componen un capítulo del arte ecuatoriano.
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