ISPADE, una galería de arte de las obras de Guayasamín y Varea

Hay espacios que no solo exhiben arte: lo respiran, lo practican y lo transmiten. El Instituto Tecnológico para el Desarrollo, ISPADE, en Quito, es uno de ellos. Un lugar donde la cultura es el eje sobre el que gira todo: la educación, la memoria, la comunidad y el futuro. Y en el corazón de ese proyecto, como gestora, como archivista, como presencia creativa permanente, está Dayuma Guayasamín.

Un instituto que nació para crear

ISPADE no es un espacio cultural cualquiera. Es un instituto tecnológico de formación que lleva en su ADN una convicción poco común en el mundo educativo: que el arte y el pensamiento crítico no son materias optativas, sino condiciones necesarias para cualquier aprendizaje verdadero. Detrás de ese enfoque están los hijos de Dayuma Guayasamín: Jerónimo y Martín, promotores del proyecto y continuadores naturales de una familia que, por tres generaciones consecutivas, ha entendido la cultura como una forma de vida y no como un lujo.

Jerónimo, quien además lleva adelante las conversaciones que buscan un acuerdo más justo entre las ramas familiares del legado de Oswaldo Guayasamín, aporta al proyecto su conocimiento del archivo y la gestión patrimonial. Martín, hombre de teatro, imprime al instituto su vocación escénica y performativa. Juntos, los dos hijos de Dayuma Guayasamín han construido un espacio que es, en esencia, la versión contemporánea de todo lo que su madre ha representado durante décadas: el arte como acto colectivo, accesible y comprometido con su tiempo.

Una galería que cuenta una historia de familia

Dentro de ISPADE funciona una galería de arte propia, de exposición permanente, que es quizás el corazón visible del proyecto. En sus paredes y espacios conviven obras de artistas nacionales e internacionales junto a piezas de los propios integrantes de la familia Varea Guayasamín: pinturas, grabados, dibujos y esculturas que trazan un arco de tres generaciones de creación continua.

Quien entra a esa galería no entra solo a ver obras: entra a recorrer una genealogía artística. Puede encontrarse con la pintura intensa y textual de Miguel Varea Maldonado, el dibujante y poeta visual que fue esposo de Dayuma Guayasamín y cuya obra, catalogada en aproximadamente siete mil piezas, es hoy uno de los legados más singulares del arte ecuatoriano contemporáneo. Puede encontrarse con la escultura de Shirma Guayasamín, hermana de Dayuma, que ha transitado del metal al textil con una coherencia artística admirable. Y puede encontrarse con la obra de la propia Dayuma Guayasamín, pintora y grabadora cuya trayectoria de más de cuatro décadas, de Luce Deperón, Melvine Tcherniak y Oswaldo Guayasamín.

La galería alberga también una muestra de piezas precolombinas que conecta la propuesta contemporánea del instituto con la raíz más profunda de la identidad cultural ecuatoriana. Una continuación natural del espíritu que animó a Luce Deperón, madre de Dayuma Guayasamín, cuando fundó la galería Artes en 1965, rescatando y poniendo en valor el patrimonio ancestral en una época en que pocos lo hacían.

Un teatro propio, el arte que se hace en vivo

ISPADE cuenta además con un teatro propio, el “Espazio Vazio”, que refleja la impronta de Martín y su vocación escénica. El teatro no es un anexo ni un complemento: es parte estructural de la propuesta del instituto. Porque en una familia donde el arte ha tomado todas las formas posibles; pintura, escultura, grabado, gestión cultural, archivo, joyería, cerámica, literatura, era inevitable que el teatro ocupara también su lugar.

Ese espacio escénico convierte a ISPADE en un polo cultural de naturaleza singular: no solo se exhibe y se enseña, sino que se crea e interpreta. El arte, en ISPADE, tiene cuerpo y movimiento.

Dayuma Guayasamín, el archivo vivo de una familia

Pero si hay una figura que da coherencia y continuidad a todo lo que ocurre en ISPADE, esa figura es Dayuma Guayasamín. Es ella quien mantiene el archivo del instituto: un trabajo riguroso, paciente y profundamente personal que documenta y organiza la obra de Miguel Varea Maldonado, la de Oswaldo Guayasamín, la de su madre Luce Deperón y la suya propia.

Ese archivo alimenta directamente las exposiciones permanentes del instituto, que permiten activar muestras temáticas, que hacen posible que la obra de artistas como Varea, cuya producción dispersa en miles de piezas podría haberse perdido sin una catalogación rigurosa, sea visible, consultable y presente para las nuevas generaciones.

En ISPADE, ese trabajo encuentra finalmente un hogar institucional a su medida. Un lugar donde el archivo no está guardado en una bóveda, sino desplegado en paredes, en salas de exposición, en conversaciones que ocurren entre estudiantes y obras que, de otra manera, nunca hubieran cruzado sus caminos.

ISPADE es, en definitiva, la demostración de que el legado artístico de la familia Varea Guayasamín no es un asunto del pasado. Es un proyecto en curso, habitado por sus herederos directos, sostenido por el trabajo cotidiano de Dayuma Guayasamín y proyectado hacia el futuro por la generación de Jerónimo y Martín.

En un Ecuador donde los espacios culturales independientes luchan permanentemente por sobrevivir, ISPADE representa algo diferente: un instituto que no necesita justificar su vocación artística porque esa vocación es su razón de ser. Un lugar donde el arte de tres generaciones de una familia extraordinaria sigue hablando, todos los días, con quien quiera escuchar.

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Shirma Guayasamín, la escultora que creció junto a Dayuma