El altar como lenguaje simbólico y museográfico
Altares y pintura contemporánea: espiritualidad, cuerpo y gesto en la obra de Dayuma Guayasamín
En una época donde el arte contemporáneo busca desesperadamente nuevos lenguajes, Dayuma Guayasamín recupera uno ancestral: el altar. No como objeto religioso, sino como dispositivo simbólico. En sus obras, los altares se reconfiguran como espacios de memoria íntima, resistencia estética y cuerpo expandido.
Desde óleos sobre cartulina hasta técnicas mixtas con encaje, objetos encontrados y textiles reutilizados, Dayuma transforma el gesto devocional en discurso visual. Y en ese gesto —íntimo y político a la vez— reencuentra la potencia espiritual del arte.
¿Por qué mirar el altar desde lo curatorial?
El altar como tipología artística ha sido subestimado por el arte contemporáneo occidental, asociado con lo ritual, lo femenino o lo “no artístico”. Sin embargo, artistas latinoamericanos —y en particular mujeres— han resignificado el altar como un lenguaje museográfico potente, que permite hablar del cuerpo, de la pérdida, del hogar, de la herencia.
En la obra de Dayuma, los altares no son monumentos ni vitrinas: son pequeños escenarios donde se activan gestos profundamente humanos. Desde una flor marchita cosida sobre tela, hasta un encaje heredado que se convierte en fondo pictórico, cada elemento sugiere una historia no contada, una espiritualidad que no necesita de religión para ser sagrada.
El cuerpo como ofrenda
Muchos de los altares de Dayuma giran en torno a lo corporal. No se trata de cuerpos visibles, sino de presencias: el cuerpo como ausencia, como recuerdo, como marca en el tejido. La artista no representa el cuerpo: lo evoca. Un dobladillo, un trozo de tela quemada, una pincelada de óleo en tonos cálidos… todo se conjuga para hablar del cuerpo como territorio afectivo.
Desde lo curatorial, esta lectura abre caminos para montar exposiciones que no giren en torno a lo explícito, sino a lo sugerido. El trabajo de Dayuma invita a curar desde la emoción, la devoción y la poética del fragmento.
¿Qué aportan estos altares al arte latinoamericano actual?
Una estética del cuidado: Dayuma no grita, susurra. Y en ese gesto se esconde una crítica poderosa a los discursos patriarcales del arte monumental y espectacular.
Una espiritualidad no dogmática: El altar no es religioso, es humano. Habla del amor, la pérdida, la transformación. En eso, se conecta con públicos diversos.
Una ética de lo reciclado: La reutilización de materiales no es solo un gesto ecológico, sino una declaración estética. Lo olvidado se convierte en arte.
Un lenguaje curatorial accesible: Estas obras permiten exhibiciones intimistas, transversales y de bajo presupuesto, ideales para espacios alternativos, itinerantes o comunitarios.
Obras clave para montaje curatorial
“Altares para mi madre”: Serie en óleo, tela y encaje. Cada pieza incluye una frase manuscrita en la parte trasera.
“Flor marchita”: Técnica mixta sobre papel reciclado. Iconografía botánica reinterpretada desde lo emocional.
“Objeto devocional #3”: Un plato roto, cosido a una tela teñida, con aplicaciones de hilos de oro. Obra no colgable: pensada para instalación de suelo.
La serie Altares, permite un montaje transversal, poético y simbólico. Puede conectarse con temas de memoria, cuerpo, cuidado, territorio, feminismo, espiritualidad, arte textil… Ideal para exposiciones educativas, museos regionales, salas comunitarias o muestras itinerantes.
Desde el archivo de Dayuma
Muchos de estos altares se han exhibido en muestras retrospectivas como:
“Arte de lo íntimo” (2015), Quito
“El alma en la materia” (2019), Galería Municipal, Cuenca
BIAM Medellín 2025, con selección curatorial centrada en espiritualidad, libertad y territorio
Estas experiencias confirman la adaptabilidad del lenguaje de Dayuma a distintos marcos curatoriales, desde bienales hasta salas de barrio.
Altares que no rezan, pero dicen
Dayuma Guayasamín ha hecho del altar un gesto artístico. No busca adorar lo divino, sino recordarnos que lo divino puede habitar en una cucharita antigua, en un encaje deshilachado, en una flor seca. Sus altares no son dogma: son ofrenda.
Para el curador contemporáneo, su obra es una oportunidad para hablar del alma sin cruzar la frontera de la religiosidad, para emocionar sin manipular, para exponer lo íntimo con dignidad y belleza.
¿Qué guardas tú en tu altar interior? Descubre la obra espiritual de Dayuma.